domingo 24 de octubre de 2010

viernes 23 de julio de 2010

Dark Dusk: Capitulo XXVII




Stuart Preston and CIA

Stuart Preston estaba en su oficina de Washington. Como desde hacía varias semanas pasaba largas jornadas de trabajo con un ajedrez magnético sobre las rodillas, en un interminable duelo contra si mismo. Cualquiera que hubiese visto sus piernas sobre el escritorio habría dudado que se ganase el sueldo que todos los meses, puntualmente, el despacho federal de investigación criminal le ingresaba en el banco, nada más lejos de la realidad.

Sus calcetines reposaban pulcramente doblados dentro de sus zapatos de cuero marrón, una concesión excentrica para escandalizar a su esposa. Su chaqueta descansaba en una percha ergonómica que se trajo de casa. Stuart odiaba la arruga que dejaban en el cuello las perchas oficiales.

-Señor Preston, el gran jefe quiere verle. -Harry Perkins, un agente sin despacho propio asomaba la cabeza por la puerta.
-Harry, ¿Ha oído algún rumor acerca de que me como a la gente?
-No, señor. -Se apresuró a contestar.
-Entonces haga el favor de entrar.

Un Harry Perkins en calzones atravesó el umbral de la puerta.

-Es el gran jefe, quiere verle.

Stuart actuó como si el rey vistiese ropas suntuosas en lugar de ir desnudo.

-¿El gran jefe? ¿Ronald? -Preguntó asombrado

Harry abrió mucho los ojos y estalló en carcajadas.

-No -Como pudo, luchó contra la paralizante fuerza de la risa- Webster.
-Pero, ¿No se había marchado a la compañía?
-Ufff -Serenándose un poco, Harry se secó unas lágrimas traviesas que le corrían por la mejilla y dijo- aún está con el cambio de poderes. -Salió, cerró la puerta y otra sonora carcajada llegó a los oídos de Stuart.


Vaya cagada, los chicos se burlarían de él durante meses, en fin, ¿Qué se le va a hacer? Abrió el cajón y depositó con toda delicadeza el ajedrez dentro, lo cerró y se puso los pantalones que colgaban del respaldo de su silla, calcetines, zapatos, corbata y chaqueta.
"¿Qué coño querrá William Hedgcock Webster de mi?" Se preguntaba mientras bajaba al sótano 20 escoltado por dos corpulentos miembros de seguridad.

Cuando entró en el despacho del gran jefe, William Webster le esperaba junto a una máquina con la que estaba destruyendo documentos.

-¡Hola Stuart! lo estaba esperando. -La cara de concentración dio paso a un gesto risueño mientras le señalaba un sillón. William Webster se sentó en el sofá de al lado, tan cerca que podría cogerle la mano. -Te estaba esperando. -Repitió esta vez tuteándolo.
-Pensaba que ya no estaba entre nosotros señor Webster.
-Aún estaré por aquí una temporada, y también por allí, -sonrió- de hecho, eso es algo de lo que quiero hablarte.
-Usted dirá señor Webster.
-William, por favor -sin dar tiempo a ninguna réplica continuó con la charla- quiero que te ocupes de algo. Es un tema delicado al que la prensa ya le está hincando el diente, y ya sabes que la carroña periodística quiere acabar con este gran país.
-La libertad de prensa es un cáncer. - Apuntilló Stuart.
-Cierto, por suerte, de momento, no saben sumar dos y dos, osea, que van dando palos de ciego. Pero eso no durará para siempre y quiero que alguien de confianza aclare las cosas antes de que sea demasiado tarde.
-¿De qué se trata -"Señor Webster"- ... William?
-El cruel asesinato de un policía de Oakland y su esposa. Algún tarado malnacido hizo una carnicería, y no podemos permitirlo.
-¡Dios mio qué horror! -Dijo Stuart con fingido espanto - ¿Hay algo más?
-Si, sabemos que ese cabrón se folló la cabeza decapitada de la muerta. Quiero a ese hijo de puta colgado, en la silla eléctrica, con la inyección o de la manera con la que se deshagan de la escoria en ese estado de mierda.

"No me ha entendido"

-Ese será mi objetivo William -"Seré más explicito a ver si ahora me entiende" - Dígame, ¿qué es lo que teme que averigüe la prensa?
-¿Eh? -A William le costó reaccionar después de sus dulces ensoñaciones sobre la pena capital- Ah, pues... El poli investigaba el asesinato de Abert McCoist un importante "amigo" de la mafia de la costa oeste, incluida la política.
-¿Creé que por eso lo mataron?
-Lo creemos, lo creemos. Pero aún hay más. McCoist era el representante musical de un grupo de hippys rockeros. Tenían un concierto la noche en que murió, por supuesto son todos sospechosos -William hizo extraños movimientos con las manos, como para espantar una mosca y con un tono de mortal aburrimiento dijo - pero es un tema demasiado farragoso, toma, léete esto- un informe del tamaño de una guía telefónica apareció en las manos de Stuart como por arte de magia - Es lo que sabemos, cuando termine, repase esto otro - cuatro o cinco folios con una grapa en la parte superior izquierda pasaron a coronar la montaña de papeles - es lo que creemos que está pasando, pero claro, ahora eres tú el que debe confirmar nuestras conclusiones. -Una mueca de infinita felicidad se dibujó en el rostro de "William"; Stuart pensó que ese era el rostro del perfecto hijo de puta.
-Y así lo haré -"Me cago en la puta, me mandan a Oakland".
-Bueno Stuart, hay otro tema del que quería hablarte -unas palmaditas en la mano que Stuart apoyaba sobre el brazo del sillón, acompañaron sus palabras.
-William, soy todo oídos.
-¿Qué te parecería un cambio de aires? Necesito gente de confianza en "la compañía", gente como tú.
-Nunca habría imaginado mejor colofón a mi carrera que serle útil señor Webster -Stuart dejó que su inevitable peloteo inundase la habitación.
-No esperaba menos de ti Stuart -El buen humor del gran jefe era evidente- Te aseguro que no te arrepentirás de esta decisión. Anda, firmame estos papeles y ya seras un agente de la CIA en funciones, a falta del nombramiento oficial, por supuesto.
-Por supuesto.
-Más vale que soluciones este lío o en "la compañía" no ratificarán mi nombramiento. Esos pérfidos dinosaurios estarían encantados de joder al recién llegado. -Abrió los brazos con las palmas hacia arriba mientras se encogía de hombros- Solo soy el nuevo director general. En resumen o lo solucionas o podremos limpiarnos el culo con este documento. Ya no tendría ningún valor.
-No se preocupe señor -"Mierda William... Joder que lío"- No parece demasiado complicado.
-Ja, ja, ja... Stuart ¿Y no te has preguntado para qué envío a un agente de la CIA a hacer el trabajo de la policía? -El señor Webster estaba disfrutando con "sus misterios".
-Pues lo cierto es que -"Ni se me había pasado por la cabeza"- me lo estaba preguntando desde el mismo momento en que me planteó la misión, pero no acostumbro a cuestionar las ordenes.
-Muy hábil Stuart, es usted un ejemplo para todos los jóvenes agentes engominados, por eso le quiero a mi lado. -William Webster hizo una pausa, miró intensamente a Stuart, que se olía lo peor y le soltó la bomba- La CIA se tiene que encargar de esto porque el policía asesinado en Oakland era un jodido espía comunista.
-¡No me jodas! -Dijo Stuart.

lunes 10 de mayo de 2010

DARK DUSK: CAPÍTULO 26

SOLA


Y por increíble que pareciese, el maldito Cougar tenía que saber algo.
Perder a dos hombres en una semana era demasiado, incluso para los incompetentes del Kremlin.


Eso es lo que pasaba por la cabeza de Olga cuando despertó en la sencilla habitación del Marriot Oakland Airport y que era una miserable habitación indigna de alguien de se status también rondaba por su cabeza.

Llevaba una semana en Estados Unidos y aun no sacado nada en claro de la muerte de su agente doble. Todo resultaba extraño y nada tenía sentido; las noticias de la madre patria habían cesado a partir del día tres, y eso no la tranqulizaba en absoluto. ¿Abandonada? Imposible, no era frecuente; aun tenía dinero en efectivo para aguantar 15 días mas en Oakland y regresar a casa. Regresar con resultados, claro; y eso no la tranqulizaba en absoluto.

El paquete, eso era lo único que tenía en mente. El paquete ya habría llegado a su destino, una semana era mucho tiempo. Alguien se habría hecho con él, ¿un sustituto? Bastante probable, quizá Kirilenko, no, quizá Boris, ese trepa bastardo, adorador de las hamburguesas americanas; Obviamente había llegado el momento de revelar esas jugosas fotos del bueno de Boris siendo ensartado por uno de los travestis de los bajos fondos de Abakan; oh, eso no sentaría bien al alto mando, nada bien.
Sí, había que dar el paquete por perdido, por ahora. Mala racha, malas manos y mala suerte.

El paquete, el paquete lo cambiaba todo, cambiaba su vida, cambiaba muchas vidas.
Pero, por otra parte, nadie sabía de lo valioso que era el contenido de esa maleta, sólo ella y Dimitri. Pobre Dimitri, dejar tu amado país y acabar asesinado en tierra hostil, defendiendo unos ideales que detestas. Perra vida y todo eso.

Tenía que moverse rápido, y no sabía por donde empezar.
Era evidente que Cougar y toda la mafia de Oakland estaba metida en el asunto, pero no sabía si la muerte de Andrei estaba relacionada con la muerte de Dimitri. Al fin y al cabo Andrei sólo era un simple peón, un infiltrado en las bajas esferas de la costa estadounidense. Incluso se le dio poder de elección para poder elegir su vida y su rol, ante la contrariada mirada de sus superiores, cuando optó por una vida tan americana como la de futura estrella del rock. Lamentable y ridículo fueron adjetivos que se oyeron en los sótanos de la KGB.

No, no podía ser, Cougar no podía saber que Andrei era un infiltrado, era imposible; y aun así, y si sus investigaciones eran correctas, aquel mafioso había eliminado a dos agentes soviéticos sin razón aparente; y todo aquello la estaba volviendo loca.

¿La jodida CIA? ¿El maldito FBI? ¿La mafia?


Lo único que sabía era que tenía que sacra algo en claro, acabar con aquello, volver pronto a casa, recuperar esa puta maleta y cambiar su vida.

De momento y, muy a su pesar, lo único que se le ocurría era llamar a Ignatius.
Y lo sentía por él, de verdad.

miércoles 17 de febrero de 2010

DARK DUSK: CAPÍTULO 25

CUATRO CUERDAS

- Señor... Kevin Miller acaba de llegar.
- Muy bien, hazlo pasar Ignatius.

Kevin entró lentamente en el despacho, dubitativo y, por qué no decirlo, un poco acojonado, con la misma cara que un puto crío de 4 años en su primer día en preescolar. Miró a su anfitrión a los ojos y rápidamente bajó la mirada deteniéndose por un instante en un doberman que lo observaba con las orejas levantadas y el pelo encrespado.

- Señor Cougar...
- Hola Kevin, te estaba esperando, ¿quieres tomar algo?
- Agua- dijo con la garganta seca
- Ignatius, trae un vaso de agua y lo de siempre para mí.

- Bien, Kevin ¿cómo te va? veo que estás haciendo bien tu trabajo, y eso me hace estar contento. Porque ¿sabes una cosa? Cuando estoy de malhumor me da por joder a los que me cabrean, y sólo Dios sabe lo hijo de puta que puedo llegar a ser - dijo señalando un crucifijo que colgaba de la pared junto con una foto en la que se le veía estrechando la mano al Presidente Reagan.
- Señor, sólo he intentado hacer el trabajo que se me encomendó al pie de la letra, sin hacer preguntas.

En ese momento Ignatius entró en el despacho con una bandeja que contenía una jarra de agua, una botella de whisky, cuyo precio superaba los 300 dólares, y dos vasos. Sirvió a los dos hombres y se volvió a marchar en silencio.


-Eso está bien Kevin, la lealtad es una virtud que hoy en día escasea. Se están perdiendo los valores. Y ¿sabes quién es el culpable de todo esto Kevin?
- No señor- dijo mientras su temblorosa mano llevaba torpemente el vaso hacia su boca.
- El dinero Kevin, el maldito dinero. - tras una pausa que a Kevin se le hizo eterna, dió un sorbo a su copa y continuó hablando - La gente sólo aprecia las cosas materiales, y aunque esto pueda sonar a comunismo, hay cosas más importantes que el dinero. Como la fidelidad. ¿Tú que opinas Kevin?
- Ehhh, ahhh, tiene toda la razón señor - dijo atropelladamente.

James A. Cougar, abrió el primer cajón de su escritorio y Kevin palideció.
- ¿Fumas Kevin? - dijo mientras le mostraba una caja llena de puros el padre de este no podría comprar con las ganancias del mes en la ferretería.
- Ehhh, sí gracias señor- dijo recobrando lentamente el color de su cara.
- Pareces nervioso hijo ¿te ocurre algo?
- No, no. Es este calor.
- Estos puros son para fumarlos con tranquilidad. Un regalo del Capitán de la policía. ¿Sabes cuánto trabajo hay detrás de uno de estos Kevin? - dijo encendiendo su puro.
- No sabría decirle señor.
- Pasa casi un año desde que se siembra el tabaco hasta que llegan a una caja de cedro como esta. Pasan por muchas manos: vegueros, campesinos, rezagadores, torcedores, escogedores... Un pueblo curioso el cubano. Trabajan por una miseria, pero todo lo hacen con dedicación y profesionalidad, sino no se explica que estas joyas salgan de sus manos.


Cougar prendió una cerilla y encendió el puro de Kevin.
- ¿Y todo eso para qué? - continuó Cougar- porque creen en lo que hacen. Como tú mi querido amigo. Estoy orgulloso de tu trabajo. Todo ha salido como esperábamos y sin ti no habría sido posible.
- Gracias señor.
- Sin tu ayuda ese gilipollas de J.D. nunca habría entrado en el grupo, jajaja, me extraña que el cadáver de Marcus aún no haya aparecido. Gracias a ti, la noche de la muerte de mi hermanito había menos vigilancia de la acostumbrada, y has demostrado ser muy listo manteniéndote al margen en el incidente del Stork, de hecho tu discreción ha hecho que a veces parezcas invisible. Y ahora amigo mío... lo que viene va a ser grandioso, esa gira por Europa son palabras mayores. Algo que marcará un antes y un después.

De repente el doberman que descansaba al lado de Cougar se levantó para olfatear a Kevin, quien no pudo evitar echarse para atrás instintivamente.

- No te asustes Kevin, no te hará daño a menos que yo se lo pida. ¿Sabes? Hay quien cree que los perros de esta raza se vuelven locos y atacan a sus amos sin ninguna razón, debido a un crecimiento anómalo en un hueso de la cabeza. Este hueso se les clava en el cerebro como un estilete. Pero eso a mi nunca me pasará Kevin.
- ¿Cómo está tan seguro señor Cougar?
- Por que no soy tan idiota como para arriesgarme a que eso pase. - dijo sacando de debajo de su mesa un bate de baseball.


En ese momento se abrió la puerta y entró Ignatius con el rostro inexpresivo. Momento que aprovechó Cougar para aplastar el cráneo del perro con el bate. De un sólo golpe el animal se derrumbó sobre la alfombra con la cabeza abierta. Las paredes del despacho, antes impoluto, se habían teñido con un estucado rojo con tonos grisáceos. La cara sangrienta de Kevin expresaba el horror de la dantesca imagen.

- Como habrás podido comprobar, Kevin - dijo Cougar pausadamente como si lo que acababa de suceder fuera lo más normal del mundo- soy un hombre que corre pocos riesgos y que tú sigas trabajando para nosotros puede llegar a ser peligroso.
- Pero... señor Cougar!!!! - gritó Kevin entre lágrimas - le juro que nunca diría nada.
- De eso puedes estar seguro. Ahora mismo tú eres mi perro y no voy a permitir que ningún hueso se incruste en tus jodidos sesos.

Acto seguido el bate de Cougar describió un círculo que impactó contra la cabeza de Kevin. El impacto fue certero y éste se desplomó produciendo un ruido sordo al caer al suelo.

- Ignatius, deshazte del cuerpo y que limpien mi despacho.

Ignatius asintió y salió de la habitación. Cougar fue hasta su mesa y descolgó el teléfono.

- ¿Diga?
- Soy J.A., el nuevo bajista puede empezar mañana mismo. Kevin ha decidido dejarlo por motivos personales.


viernes 5 de febrero de 2010

DARK DUSK, CAPÍTULO 24

PULITZER

“Robert Thompson, Reportero Freelance. 5559348”. Eso era todo lo que figuraba en la tarjeta que había colocado cuidadosamente sobre la mesa, junto a la botella de Stolichnaya. La miraba fijamente mientras pensaba en como había cambiado mi vida en solo 48 horas. Hacía solo dos noches estaba celebrando lo que iba a ser mi primer Pulitzer, y aquí estaba ahora, sentado solo en la mesa más oscura de un bar de mala muerte de Russian Hill, completamente cagado de miedo.

Llevaba semanas trabajando duro en el caso. Mucho más, de hecho, aunque antes de que McCoist acudiera a mi ofreciéndome pruebas tangibles, había sido casi como un hobby. Nadie estaba dispuesto a dar testimonio, no había documentos, ni cuentas corrientes, ni fotos comprometedoras. La corrupción campaba a sus anchas por Oakland pero hasta entonces solo coleccionaba rumores.

El viernes pasado por fin había reunido todo lo necesario para desatar la tormenta de mierda. Al me entregó los documentos definitivos en su despacho del Stork, antes del concierto. Iba a ser un bombazo. Había que celebrarlo, así que deje allí a la zorrita de la semana, Nikki, que me había acompañado para reclutar participantes y me largué a casa para preparar la fiesta con Ava. Una noche gloriosa.


Pero el sábado a primera hora sonó el teléfono y todo se torció. Me avisaron de que acababan de encontrar a McCoist flotando boca abajo. Cuando llegué a la bahía ya se lo habían llevado a la morgue, pero los detectives que llevaban el caso, Foley y Ratzinger, explicaron a la prensa muy gráficamente como le habían volado la cara al pobre cabrón. Aunque nunca había tratado con ellos, había oído hablar de ambos, y me sorprendió que ahora fueran compañeros. Foley era un poli duro pero honrado, mientras que del otro solo sabía que estaba pringado hasta las cejas.

El caso es que la muerte de McCoist me alarmó, claro, pero el tío estaba metido en toda clase de líos, así que era bastante posible que no tuviera nada que ver con mi caso. Tenía que asegurarme. Ninguno de mis confidentes sabía nada, así que esa tarde me aposté en una azotea frente al Stork desde la que podía observar las dos puertas. Era el último sitio donde se le había visto vivo, que yo supiera, y pensé que no perdía nada probando con esa chorrada de que el asesino siempre vuelve a la escena del crimen. El caso es que pronto empezó a llegar gente.

Los primeros en entrar fueron Duck y Mike. Los conocí en la fiesta de la noche anterior, dos tipos geniales. Aparcaron su furgoneta en el callejón, junto a la puerta trasera y entraron, charlando animadamente. Poco después llegaron los otros tipos de Dark Dusk, el cantante y el batería, en un Cadillac Cimarron conducido por una mujer que se quedó esperando en el callejón con el motor en marcha. Entonces empezaron las sorpresas.


Un tipo vestido totalmente de negro salió de la nada y se encaró con la chica, entre susurros pero con grandes aspavientos, que se bajó del coche y se puso a discutir con él. Mientras tanto se iba formando ya una pequeña cola frente a la puerta principal, entre la que reconocí nada menos que a Ratzinger, que parecía bastante nervioso, acompañado de una joven negra.

Entonces fue cuando llegaron Pet y Bob, un par de delincuentes de poca monta de la ciudad; dejaron su Buick en la entrada del callejón y se acercaron a pie. La chica los reconoció y se acercó a ellos. No se que les dijo, pero Pet suspiró aliviado. De repente se abrió la puerta de nuevo y salió todo el grupo, riendo y bromeando. Todos parecían relajados menos el hispano, que iba cargado con una mochila que no llevaba al entrar. Al verle, el tipo de negro se puso como loco y sacó un arma. La chica saltó sobre él justo cuando disparaba, haciéndole fallar y dando tiempo a los de Dark Dusk para volver a entrar en el club a toda prisa.

El tipo se revolvió furioso hacia la chica, apuntándole, pero recibe un disparo de Pet en el costado que casi le tumba. Al verse acorralado, el cabrón saltó al interior del Cadillac y salió del callejón marcha atrás, haciendo que Pet y Bob, que seguían disparándole, tuvieran que saltar para esquivarlo. La chica les gritó algo mientras entraba al local, pero para entonces ellos ya estaban subiendo a su coche y saliendo en persecución del otro.

Con el tiroteo, la cola se dispersó. La mayoría huían, pero unos cuantos acudieron al callejón, entre ellos Ratzinger, con su chica agarrada a él, asustada. En vez de sacar su placa y contener a la gente, dio media vuelta, entró con ella en su Mustang y se largó dirección Harbor. Mientras, los Dark Dusk y la chica salieron por la puerta principal y se mezclaron con la gente que huía.

Aunque me quedé allí escondido un buen rato más, no apareció la policía. Al cabo decidí bajar a investigar de cerca, y justo cuando pasaba por delante de la puerta principal, un empleado colgó el cartel de cerrado y salió a toda prisa, entre las protestas de la gente que estaba de nuevo formando cola. Entré en el callejón y forcé la puerta trasera, que ahora estaba cerrada con llave, entrando justo en el momento en que oía el motor de un coche que llegaba. Desde dentro observé por la mirilla. Era Ratzinger de nuevo, esta vez solo. Ya no estaba nervioso, todo lo contrario; parecía relajado, incluso divertido. Recogió todos los casquillos de bala y limpió la sangre con un trapo, con prisas pero concienzudamente, y cuando se dio por satisfecho se marchó tan tranquilo. El despacho de McCoist, que solía estar sucio y desordenado, lucía impoluto, y los archivadores estaban vacíos. En el escenario estaba la batería del grupo, con los bombos donde estaba dibujado el logo rajados. Dentro había unos compartimentos para guardar algo, también vacíos. Supongo que eso explicaba lo de la mochila del batería.


De madrugada fui a fisgar en el entierro de McCoist. Había muchos peces gordos, por supuesto, la mayoría implicados en unas mierdas u otras, según los documentos que me fue pasando Al. Allí estaban el alcalde, el capitán de policía Cabrera, el fiscal del distrito y algunos millonarios con intereses de todo tipo, desde estrellas deportivas como Ken “The Snake” Stabler hasta genios de Silicon Valley como el tipo ese de Apple. Pero sobre todos destacaba James A. Cougar, que junto a su guardaespaldas caminó lentamente por delante de todos ellos, como si pasara revista. Tras el oficio, cuando todos ya se marchaban, habló a solas a Stabler, que asentía repetidamente, y se marchó en su limusina. Acto seguido Stabler buscó a Cabrera y le habló airadamente, levantando la mano con aire amenazador. Este, amedrentado, se largó después en su coche oficial.

Una de mis fuentes de Harbor me informó al mediodía de que había una posible testigo del asesinato, una puta llamada Caroline que solía trabajar en un club cerca de Harbor. Sin embargo, no pude hablar con ella. He llegado justo a tiempo para ver como la sacaba esposada Foley, con Ratzinger siguiéndole malhumorado, aunque al verme el cabrón me ha lanzado un guiño que me ha dejado helado. Una de las chicas me contó luego, por su tarifa habitual, que la propia Caroline se lanzó en brazos de Foley al saber que Ratzinger estaba también allí. Al parecer temía que fuera a matarla. Decidí que la cosa se estaba poniendo fea y por la tarde llamé a Foley y le puse el caso en bandeja. Menudo error, joder.

Pero mi mayor cagada aún estaba por llegar. Esta noche, hace unas horas, estaba tan nervioso que decidí visitar a Foley en su casa. Desde la puerta he escuchado ruidos extraños, así que en vez de llamar he pensado dar la vuelta a la casa y mirar por la ventana, justo a tiempo para ver a ese hijo de puta de Ratzinger cosiendo a tiros a su compañero, con el cadáver decapitado de la señora Foley colocado sobre la mesa. Mierda, no he podido contener un grito, y el cabrón se ha girado, me ha mirado directamente con sus ojos de loco y ha apretado el gatillo, babeando de la emoción. Click. Descargada. He salido corriendo tan rápido como he podido, mientras escuchaba las carcajadas de ese demente.

Así que con ese asesino detrás mio y convencido de que no puedo volver a confiar en la poli, he decidido jugar el único as que tengo en la manga: vender mi silencio a cambio de protección.

- ¿Rob?
- Si, si. Siéntese, por favor. ¿Vodka?
- Hasta arriba - respondió Ignatius -. Odio esta mierda, pero habrá que ir acostumbrándose.

miércoles 27 de enero de 2010

DARK DUSK: CAPÍTULO 23

Un desayuno pesado

Sus sentidos estaban aturdidos a causa de la coca y el alcohol, pero, poco a poco, empezó a tomar conciencia de la situación.
Escuchó como colgaba el teléfono. Sí, era una conversación extraña, totalmente acorde con lo sucedido durante las últimas 24 h. ¿Con quién podía estar hablando? De algo estaba completamente seguro, no pensaba quedarse a esperar visitas.
Retrocedió hasta la cama y se dispuso a buscar su ropa. La botella de Jim Bean calló al suelo con tal estrépito que apunto estuvo de reventarle las sienes. Adiós a su huida sorpresa.
¿Dónde coño estaban sus pantalones? Abrió el armario y le sorprendió comprobar que estaba absolutamente vacío, tan solo ocupado por un enorme macuto color caqui cerrado con un contundente candado.
Miro sobre los muebles de la habitación y su luz de alerta pasó al estado de evacuación inmediata. Tampoco había nada. Ni fotos ni objetos personales, tan solo una gruesa capa de polvo. Abrió los cajones de la mesilla. Vacíos. Nadie había estado en esa habitación en meses.
Era hora de salir corriendo. Al fin recordaba dónde había dejado los pantalones, sobre el respaldo del sofá.
Abrió la puerta y se encontró a Cath vestida únicamente con una enorme camiseta de los Warriors y sumida en un gran estado de concentración frente a los fogones de la cocina.
- ¿Ya te has despertado? ¡Estupendo, justo a tiempo para el desayuno!- Dijo Cath sin siquiera girarse.
- … lo siento Cath, me tengo que ir…
- No te puedes ir…
Se recompuso e intento parecer lo más sereno posible.
- De verdad que lo siento, pero quiero ir al Stork, a ver como llevan aquello. Tengo que echar una mano a los de sonido. Sabes como se pone Barry de capullo si su voz no suena bien…
- No te puedes ir.
Esta vez su tono de voz no dejo lugar a las dudas. No era una petición.
- Además, Barry está en camino.
Finalmente Cath se digno a girarse. Un sándwich de bacon con queso y una P220 le ocupaban las manos.
- ¡Siéntate, Pedro, tenemos que hablar!
La sangre se le heló por completo cuando volvió a oír ese nombre. A partir de ese momento Cath no necesitaba un arma para retenerle.
Y allí, Pedro, alias “P.J.”, alias Julián, alias “The One” y una innumerable cantidad de alias que ni siquiera el mismo llegaba a recordar, con unos boxers a cuadros y una camiseta de los Badstar como único uniforme, se dispuso a hacer frente a todas las pesadillas de las que llevaba huyendo desde que tenía uso de razón.
- Mira, Pedro…
- Por qué coño me llamas así.- Su tono de voz sonaba amenazadoramente severo, pero no podía dejar que Cath notara su debilidad en ese momento.
- Está bien, lo siento, Julián.- Usaba un talante conciliador aparentemente sincero.- Siento que te metieran en esto. Ha sido un error… no, no tenía que haber pasado…El único punto que he dejado en sus manos y…
Cath parecía divagar. Observaba la pared, la pistola, la ventana… Julián sabía que dudaba. Decidía en silencio entre matarle o pedirle perdón. Debía pensar rápido si no quería que tomara la decisión menos oportuna.
- Cath, puedo serte útil.
- Lo se. Además, sigues vivo y eso, créeme, dice mucho en tu favor.
La gata salvaje desapareció de su mirada reemplazada por un destello frío y calculador.
- Que te hayan involucrado ha sido un error. Pero ahora no podemos hacer nada. Esta tarde una persona se encargará de ese problema. No temas, esos dos tipos no volverán a molestarte.
En cuanto a vosotros, necesito que Barry y tú hagáis algo.
Olvidaros del concierto de esta noche. No va a haber concierto. Desapareced del mapa hasta mañana por la mañana.
- Pero si no tocamos, adiós al contrato. Por mi, perfecto, pero no creo que Barry se preste a colaborar…
- Tranquilo, Alex Van Halen, que alguien de la promotora contactará con vosotros para arreglar lo del grupo. Eso es lo que quiero: el nombre de ese alguien.
Lo siento, Pedro, pero nadie va a evitar que cerréis una larga gira por Europa este verano por cuenta del camarada Kryuchkov…
Cath le miró sonriente mientras mordía el sándwich.

domingo 10 de enero de 2010

DARK DUSK: CAPÍTULO 22

¿DONDE ESTÁN LAS LLAVES?

Salió del edificio como alma que lleva el diablo. Cruzó la calle y avanzó a la carrera más de cincuenta metros hasta llegar al coche. "Nunca aparques en la puerta del lugar del crimen" le solía decir siempre sonriente, y ahora no estaba.

Bob se agarró con fuerza al volante. Se dejó llevar por la desesperación. Se golpeó varias veces la frente contra el volante, luego pateó y lanzó puñetazos en todas direcciones, al volante, el parabrisas, el salpicadero y entonces se calmó. Seguía llorando, pero Bob estaba más relajado, había tomado0 una decisión. Sacó su pistola de la sobaquera y la dejó sobre sus piernas. La observaba hipnotizado. La agarró de nuevo con fuerza y se la llevó a la sien, recordando momentos vividos junto a Pet y que nunca más se repetirían. Después pensó que quizá fuera más eficaz metérsela en la boca y así lo hizo. Cerró los ojos. Las lágrimas le resbalaban por el rostro hacia la barbilla, donde se juntaba con la sangre de su oreja que, ya coagulada, le manchaba la cara y a los mocos que que le goteaban de la nariz. Hilos de saliva caían y le mojaban los pantalones en una patética imagen de película de terror.


-¡Pero que asco me estas dando Bob!

Bob abrió los ojos, sorprendido al reconocer la voz.

-¡Sacate eso de la boca, no seas estúpido!

Bob se sacó el arma y con los ojos desorbitados miró en el asiento del acompañante. Alargó el brazo y tocó el hombro de su interlocutor...

-Espabila Bob, no tardará en llegar la policía, recuerda que hay un cadáver ahí dentro- Dijo señalando el edificio del que Bob acababa de salir.

Este hizo amago de arrancar el coche, pero su mano se cerró en el vacio.

-Tengo las llaves en el bolsillo...

Se inclinó hacia el acompañante dispuesto a palpar en sus bolsillos, pero...

-Vamos, tu eres mucho más listo- Le dijo estas palabras con una mirada de profundo respeto y esto hizo reaccionar al joven que hacía solo unos instantes lloraba como una maricona que ha derramado su último frasco de popper.

-¡Lo siento Pet! Voy a por las llaves- Y salió corriendo hacia la escena del crimen.

Con un pañuelo trató de enjuagar la mascara de fluidos que cubría su cara, mientras , observaba el pasillo lleno de vidrios rotos y al fondo el cuerpo de su amigo muerto junto a la puerta abierta. Dudó en avanzar por temor de alertar al pistolero.

-¿Pero qué haces? ¡Que viene la poli! Date prisa- Pet le hablaba al oído. Bob no sabía que hacer, tenía miedo, ¿y si el judío le viese regresar? acabaría corriendo la misma suerte que su amigo y mentor Pet.

-¡Dios mio! ¿Qué ha pasado aquí?- Gritó Pet.

Bob dio un respingo, pero enseguida captó el mensaje y a su vez, gritó:

-Llamen a la policía ¿Está bien señor?- Bob avanzó haciendo ruido hasta el cuerpo sin vida de PET, le palpó los bolsillos y sacó las llaves.

-¡Aún respira! Una ambulancia

-Ja, ja, ja, pero si estoy más tieso que la verga de un pastor en una sala X. Anda, coge también la cartera. En el bolsillo de atrás.


Bob, visiblemente nervioso y a un metro escaso del lugar de la emboscada, cogió también la cartera y salió corriendo. Un vecino curioso ya asomaba la cabeza.

-¡Está herido!¡Policía! gritaba Bob mientras huía.

El vecino se le quedó mirando mientras corría hacia la calle "Que te jodan" exclamó y se retiró de nuevo a su madriguera.

De nuevo Bob corrió hacia el coche, pero esta vez con las llaves en la mano. Arrancó y se fue. Antes de doblar la esquina ya oía las sirenas de la policía, lo que no sabía es que se dirigían a otro lado. Nadie denunció el tiroteo, ni el muerto del pasillo. Cathy siguió las instrucciones de Meyers para deshacerse del cuerpo y el cadaver de Pet no apareció hasta 1994 en circunstancias, digamos, "peculiares" aunque eso es otra historia.

-De menuda me he librado ¿Eh Pet?- Dijo Bob.
-Oye...
-Dime Pet.

Pet sonrió ampliamente, con una sonrisa que habría cautivado a cualquier ser humano capaz de verlo. Sus dientes relucían más blancos, incluso, de lo que jamás lo hicieron en vida.

-¿Sabes que estás un poco loco?

lunes 28 de diciembre de 2009

DARK DUSK: CAPÍTULO 21


La muerte de un agente dormido siempre es una contrariedad, implica mucho trabajo. Implica viajes inesperados.

Si el agente dormido en cuestión es una pieza de bajo rango, un peón de sacrificio, en un asqueroso pueblo de Bulgaria el problema queda reducido a una simple llamada que siempre acaba con la desaparición del cadáver, pero eso no vale con los estúpidos americanos y su estúpida burocracia.
Es lo que tiene colocar a una agente en Estados Unidos. Tienes que inventar una mujer y una familia, y si la fachada es buena, de alto nivel, o si el agente es valioso de verdad, es muy probable que su familia desconozca la verdadera identidad del individuo.

Todo eso piensa Claire mientras vuela por encima de las llanuras americanas. Si todo va bien, algo poco probable sabiendo como ella sabe la identidad del agente, puede llegar a tiempo para el entierro, hablar con la gente adecuada, soltar los malditos dólares y regresar.

Regresar, es todo lo que piensa.

Porque pese a su fragilidad y juventud y su aspecto de chica normal, Olga, su nombre real, es uno de los más cualificados agentes secretos de la KGB y por es ha recibido el encargo de tratar personalmente un asunto tan espinoso.
Y la verdad es que no lo entiende, no entiende que tenga que ser ella la que viaje a Estados Unidos cuando está a punto de llegar el punto culminante de su corta carrera.
Prefiere no pensar, la han entenado para eso, para no cuestionar las órdenes.
Ellos saben lo que hacen.

A estas horas debería estar reunida con Marcus y Matt recibiendo el paquete. Y lo había dejado todo en manos de la organización después de estar trabajando en ese asunto durante 8 largos meses.
Y ambos temas, el paquete a recibir y el agente muerto estaban relacionados, ahí radicaba lo increíble de todo. ¿Coincidencia? Claire no creía en las coincidencias, lo había aprendido después de lo de España. Aun sentía escalofríos al recordarlo.

Volvió a mirar de reojo la edición de bolsillo de “Nuestro hombre en La Habana”. Le gustaba leer a Greene, y se alegraba cuando recibía las órdenes codificadas en libros de autores americanos, aunque se avergonzaba secretamente.
Se mira las manos, observa la cuidada manicura y la pulsera de plata que adorna su delgada muñeca, abre la polvera y se mira en el espejo. Sí, da el aspecto de niña pija canadiense recién salida de Toronto.

Con hastío, decide volver a leer el informe. Coge el Greene y lo abre por la página 58. Usa la fórmula establecida para visionar el texto y eso le hace recordar los tres años de entrenamiento en Moscú, nada más acabar los estudios básicos obligatorios. Otra vez ese escalofrío.
Intenta centrarse.
Varón, caucásico, mediana edad.
Nada más, sólo una letra al final del informe, una Z, aislada y clara, para no llevar a errores.
Hasta un principiante sabe lo que quiere decir una Z.
Policía.
Varón, caucásico, mediana edad y policía.
Un policía casado y con un hijo.
Y el tercer escalofrío.
Porque este asunto se le iba de las manos, porque tratar con la celeridad la muerte de una agente dormido cuya tapadera es la de un respetado policía americano sin levantar mierda es complicado. Porque cuando un policía americano muere hay más muertes y hay preguntas y hay jueces y fiscales que miran papeles que no hay que mirar.

En definitiva, la muerte de Axel Foley, nombre en clave para Dimitri Mendeleiev, era una contrariedad, implicaba mucho trabajo y viajes inesperados.

jueves 10 de diciembre de 2009

DARK DUSK: CAPÍTULO 20


Casualidades de la vida. Te partes los cuernos trabajando en un caso sin pies ni cabeza. Un callejón sin salida, uno de esos casos que el tiempo sepultaría en un armario archivador condenado al olvido. A mí me la suda, esas cosas no me quitan el sueño. El trabajo acaba cuando subo al coche camino de casa para disfrutar de uno de los asados de Nancy.
Pero esta vez todo es distinto. Una llamada de un tal Rob, una confesión de una puta que dice haber estado en la escena del crimen. La verdad es que todo esto me supera.

Todavía recuerdo la cara de la testigo al ver entrar a Ratzinger. He visto muchas putas asustadas en una sala de confesiones, pero a ninguna mearse encima. Hasta que no hemos estado a solas no ha podido articular palabra. "No me dejen sola con él" ha repetido a gritos ahogados en lágrimas. No suelo hacer ni puto caso a esta gentuza. Como buen católico de descendendia irlandesa, para mi esta gente no merece más respeto del que se le puede tener a un perro. Mal ejemplo, los perros son animales fieles que son de alguna utilidad. Las putas venderían su alma por cincuenta pavos, no son gente de fiar y eso todo el mundo lo sabe. Pero los abogados de oficio son unos tocapelotas y me ha empezado a soltar toda esa mierda de los derechos humanos, la puta constitución, bla, bla, bla. Odio las parrafadas legales, yo soy un hombre de acción, y si esa puta tiene algo que contar yo se lo sacaría, por las buenas o por las malas. Y ojalá me obligara a hacerlo a malas.

Pero joder, cuando esa comepollas ha empezado a cantar he notado cómo el pulso se me aceleraba. He tenido que sentarme y fumarme un cigarro. Luego me he fumado otro. No es fácil asimilar todo esto.


Al parecer, Albert McCoist tenía en esta puta algo más que un alivio fisiológico. Pero no sólo eso, si esta guarra me está diciendo la verdad, parece que se van a resolver algunos asesinatos en "The Harbor Avenue". Eso es lo de menos, va contra mis principios vender a un compañero a esos carroñeros de asuntos internos. Aunque bien mirado puede ser la baza que estaba esperando para dar el salto... "Comisario Axel Foley", no suena nada mal. Y quién sabe, después de todo lo que me ha contado Caroline, quizás es Cabrera el que aguanta mis gritos y mi mal humor por las mañanas. Un golpe de suerte, sí señor. Estar en el momento justo en el lugar adecuado. Todo esto es una bomba, no me imaginaba que gente tan poderosa podría estar implicada en asuntos tan turbios. Van a caer torres muy altas. Joder, me sudan tanto las manos que el volante se me resbala.

Mañana va a ser un día muy movido. Los de protección de testigos harán bien su trabajo, simplemente no hay que precipitarse. El agente Ratzinger no sabe lo que se le viene encima. Que se joda, no me da ninguna pena. Yo tengo que mirar por lo mío, dios sabe que sólo quiero pasar mi jubilación en una casita cerca de la playa con Nancy. Pescar y disfrutar de las puestas de sol de San Diego. A lo mejor cuando Roger sea un gran abogado y tenga hijos vendrá a pasar las vacaciones con nosotros. No las tengo todas conmigo, ese haragán nunca sentará la cabeza. Me he dejado el lomo para darle una educación y las oportunidades que yo no tuve, ojalá a mi me lo hubieran puesto tan fácil.
Me gusta este barrio, desde que vi nuestra casa me enamoré de él. Tranquilo, lejos de ese infierno llamado Oakland. Aquí sabes que puedes fiarte de la gente.

Pero, ¿qué cojones? ¿qué hace este gilipollas aqui? A lo mejor el muy capuyo ha reconocido a la puta y está preocupado. No tiene nada que temer, en esta ciudad la palabra de un policía vale más que la de una fulana. Lo que no sabe es lo de el tal Rob. No está nada mal el trato. Él se lleva su exclusiva y yo mi ascenso. Ha dicho que me llamaría mañana. No me ha querido dar su número para sentirse más seguro, como si no pudiera localizar la llamada. Aunque si lo hace desde una cabina lo llevo claro, al diablo, no pienso perder el tiempo con ese imbécil mientras me de lo que quiero.

Vamos a ver que quiere este tío, a qué mala hora lo traje a cenar a casa el año pasado. Nancy me dijo que no quería a volver a verlo en su vida, y no es para menos después de lo que hizo, a quien se le ocurre…

- Ey Jojo! ¿Qué se te ha perdido por aquí?

......

El Capitán Cabrera acariciaba el pecho desprovisto de vello del Agente Ratzinger quien todavía dormía. Desde el primer momento supo que podía confiar en el joven policía. Cuando llegó por la noche y le dijo que todo estaba solucionado pudo respirar tranquilo, el inspector Foley estaba indagando más de la cuenta y había que pararle los pies sutilmente. Se quedó mirando a Joseph mientras dormía cuando una llamada de teléfono lo sacó de sus pensamientos.
-¿Diga?
- Esta vez la has cagado Cabrera - dijo una voz grave
- ¿De qué está hablando señor? todo ha salido según lo previsto, con Foley fuera de juego y los de protección de testigos de nuestra parte todo esto nunca saldrá a la luz.
- Joder Cabrera ¿acaso no has visto las noticias? Hay cosas que son difíciles de tapar incluso para nosotros. Tu mancebo la ha cagado y ahora vas a tener que limpiar toda esta mierda. Te la estás jugando Cabrera, a mi no me gusta que me jodan, y tú me has jodido!!!
- Pero...
- Cabrera soluciona todo esto y dale el pasaporte a ese niñato que seguro que tiene el culo hecho a la medida de tu mulata polla.

Cabrera sin tiempo para replicar oyó como colgaban el teléfono. Fue hasta el salón y encendió el televisor. En todos los canales estaban dando la misma noticia: un doble asesinato en un barrio residencial de Oakland, se trataba de un policía y su esposa, la cual había sido violada y decapitada(y no precisamente en ese orden). El Inspector A.F. presentaba varios balazos a quemarropa. Según los vecinos un Ford Mustang del ’82 estuvo estacionado en la zona a la hora del crimen.


El Capitán Cabrera apagó la televisión y se llevó las manos a la cabeza.

martes 1 de diciembre de 2009

DARK DUSK: CAPITULO 19



Mientras Barry recibía una llamada de Cathy que le hacía salir con prisas del Jack London Inn, al otro lado de la bahía de San Francisco el sol del mediodía de aquel 18 de julio inundaba ya la habitación cuando abrieron los ojos, despertando al notar el peculiar aroma. Se buscaron el uno al otro entre los cuerpos desnudos que yacían por la sala, y al encontrarse se brindaron una alegre carcajada. Duck y Mike seguían en racha.
- Genial, ¡tortitas! - exclamaron al unísono, y volvieron a reír.
Poco a poco empezaron a desperezarse el resto. Junto a ellos estaban Mae y Lin, las dos chinitas que se ligaron en la fiesta de anoche, otra chica llamada Erika que abrazaba acarameladamente a un tal Brian, que al parecer era una estrella del baloncesto universitario, y también Nikki, la escultural morena a la que J.D. había dejado con ellos antes de desaparecer. Mal jugado, Julián. Precisamente fue esta la que, cansada de esperarle, propuso trasladar aquí la fiesta, lo que resultó ser un completo acierto. Al parecer las noches de los viernes en el loft de cierta profesora de expresión artística eran un premio extra para los más afortunados estudiantes de la AAU.

La anfitriona, vestida solo con un colorido delantal que a duras penas escondía sus voluptuosas curvas, subió el volumen de la radio para despertar a los más perezosos. El locutor de la KNGY anunciaba el último single de Madonna. Pronto todos se fueron levantando de entre el mar de almohadas que cubría el suelo y tras asearse y ponerse algo fueron acudiendo a la mesa. El buen humor reinante era evidente.
- Muy buenos días, Ava. Estas tortitas tienen una pinta estupenda... como la cocinera. - dijo Mike a la anfitriona mientras se sentaba. Ava tenía la melena rubia recogida en una trenza, lo que realzaba su imponente aspecto de diosa nórdica.

- Gracias, cariño - contestó sonriendo -. Ha sido una noche genial, y he pensado que nos merecíamos un desayuno en condiciones, para reponer fuerzas.
- Lo necesitaremos, vaya que sí. Esta noche volvemos a tocar en el Stork, y por supuesto estáis todos invitados – dijo Duck -. Por cierto, ¿no falta alguien aquí?
- Es cierto, ¿donde está Rob, Ava? - preguntó Nikki, visiblemente interesada.
- Ha tenido que salir a trabajar. Esta mañana le han avisado de que han encontrado a un pez gordo asesinado en la bahía y …
- ¿Cómo? ¿Es policía? - preguntó Brian repentinamente alterado. No era para menos, una fiesta como esta, aunque acabada la temporada, podía afectar negativamente a su carrera. Además, un negro de Oakland sabía que no debía fiarse nunca de la policía.
- No, no te preocupes. Es periodista de sucesos, pero tranquilo, llevamos años juntos y jamás ha mencionado a ninguno de nuestros invitados, y créeme, ha tenido delante historias más jugosas que un chaval de la UCSB en una orgía.
- Ya, bueno, tendré que confiar en vosotros...
- ¿Sabéis porqué a mi amigo le llaman Duck? - dijo de pronto Mike con la boca llena de tortitas con miel, para rebajar la tensión. - Anda, cuéntalo, tío.
- Bueno, en realidad no soy el único con apodo en la mesa, aunque a mi me gusta el mío ¿eh, Mouse? ¡Ja, ja! Vereis, Mike y yo somos de Umapine, un pueblecito de Oregón. Nuestras familias viven en granjas vecinas, y además nacimos el mismo día. Como a nuestros padres no se les ocurrió más que llamarnos Donald y Michael y somos muy amigos desde pequeños, fuimos Donald “Duck” y Mickey “Mouse” hasta acabar el instituto y largarnos de allí.
- Pero no nos tomaban el pelo ni nada de eso ¿eh? - añadió Mike mientras el resto reían – de hecho allí todo el mundo tiene motes. - Todos estaban relajados de nuevo. Era el don de Duck y Mike, inundarlo todo siempre de buen rollo.

- ¿Entonces siempre habéis estado juntos? - preguntó Mae mientras cogía de la mano a su amiga – ¡Igual que Lin y yo!
- La verdad es que siempre lo hacemos todo juntos; los estudios, los amigos, la universidad y ahora el grupo. ¡Incluso los dos perdimos la virginidad con Carrie en su fiesta de cumpleaños! ¿Te acuerdas?
- Por supuesto, Duck, hay cosas que no se olvidan, ¡Ja, ja, ja!
- ¿Y cuando conocisteis a Barry y a Julián? - preguntó Nikki.
- Bueno, fuimos a la universidad en Portland más por salir del pueblo que por estudiar, y desde el principio teníamos la idea de formar un grupo. Habíamos estado ensayando con la guitarra y el bajo y hasta teníamos un nombre en mente, pero...
- Oh, vamos, ¿qué nombre? - preguntó Ava sonriendo mientras servía la segunda ronda de café y tortitas. En la radio Tina Turner cantaba “We Don't Need Another Hero”.

- Eso no importa; el caso es que... - intentó continuar Mike, pero ante la insistencia de las chicas acabó confesando. - Vaaale, queríamos llamarnos “Dark Disney”.
- Bueno, ¿seguimos o no? - intervino divertido Duck tras las carcajadas – el caso es que nos faltaba una voz y un batería, así que cuando fuimos de segundo año organizamos una audición en la hermandad. El caso es que Barry llegó el primero, con tres animadoras dispuestas a todo como apoyo, y ya no escuchamos a ningún cantante más. En realidad apenas le escuchamos a él tampoco, nos bastó con saber que era un imán para las tías y que sabía compartir.
- ¡Vaya piezas estáis hechos! - comentó Erika. Desde luego habían conseguido la atención de todos.

- Bueno, el caso es que Barry puso como condición cambiar el nombre del grupo, lo de “Dark Dusk” se le ocurrió a él y nos gustó enseguida. También encontramos un batería, Marcus, que no lo hacía del todo mal. No era estudiante, si no que trabajaba como segurata o algo así. El problema es que no se podía contar con él, de repente desaparecía durante días y cuando volvía no daba explicaciones. Un día su colega Matt vino a buscarlo y nos dejó tirados en pleno concierto, el cabrón. - les contó Mike.
- Si bueno, el caso es que fue una suerte – continuó Duck – Resulta que allí, en la barra, estaba J.D. y al ver la escena se ofreció para sustituirle. A nosotros nos pareció genial; total, no teníamos nada que perder.
- Por aquel entonces tocábamos temas de otros grupos, así que no hubo problema. En realidad lo hizo tan jodidamente bien que le suplicamos que se uniera al grupo. Y hasta hoy.
- En realidad fue un poco raro, porque esa misma noche se subió a la furgoneta con su mochila y se vino con nosotros. De hecho estuvo viviendo en la hermandad hasta que en verano empezamos a salir de gira, casi seis meses después. Suponemos que iba a trabajar o algo mientras estábamos en clase, porque un día cuando llegamos vimos que había comprado su propia batería y estaba dibujando el logo del grupo en los bombos.

- Os quedarías de piedra ¿no? - preguntó Lin - Parece que se lo tomaba más en serio que vosotros.
- De hecho así era. No creo que sin él hubiéramos decidido dedicarnos a esto, pero al ver que J.D. se ponía las pilas de esa forma, todos nos lo creímos y empezamos a buscar actuaciones cada vez más lejos. Ese verano lo pasamos en Seattle, y como Barry es de Los Angeles, nos convenció para venir a California.
- No le costó mucho hacerlo, la verdad, ¡Ja, ja, ja! - Añadió Duck - ¿Quien no querría estar aquí? Y aquí conocimos a McCoist, que nos ha conseguido montones de conciertos y...
- ¿McCoist? ¿Al McCoist? - le interrumpió Ava.
- Si, ¿le conoces?
- Bueno, personalmente no, pero se quién es y se que si no lo hubieran encontrado flotando en la bahía esta noche, Rob se habría quedado con nosotros comiendo tortitas.